Otro año más y como ya es tradición, vamos a celebrar nuestras fiestas de invierno, las cuales son en honor a la Conversión del Apóstol San Pablo.
Como cuenta la tradición, San Pablo camino de Zaragoza cayó en el campo, y en el lugar que lo encontraron dormido se levantó una ermita.
Todos los años los ayerbenses lo celebramos con copiosos almuerzos en torno a la ermita que suele rematarse en comida si la fría mañana de enero lo permite.
En el día anterior se encienden hogueras en las que se asan patatas, se calienta el cuerpo con buen vino de la zona y se acaba bailando en una gran verbena.