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Ermitas de San Pablo y de Santa Lucía

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Ermita de San Pablo

Su fábrica es de sillar en fachada y sillarejo en laterales. Es de una nave de cuatro tramos con capilla mayor únicamente diferenciada por estar elevada con respecto a la nave. Los tramos están separados por arcos de diafragma, deformados en la actualidad, que sostienen la cubierta a dos aguas. La entrada es de arco de medio punto de ladrillo.

Ermita de San PabloSegún el libro de cuentas de la cofradía de San Pablo Apóstol, las noticias documentales más antiguas que se tienen de esta ermita y de su cofradía son de 1618, aunque ambas existían con anterioridad.

Al entrar el siglo XIX se acometieron obras de reconstrucción de la ermita siendo sufragadas con limosnas y colaboraciones de trabajo personal.

En 1811 se hizo la sacristía, que costó 63 libras jaquesas y en cuya obra se emplearon baldosas y tejas extraídas del convento de dominicos; la calajera para guardar los ornamentos; se obró la replaceta frente a la entrada, se arregló el camino, etc…

Junto a las aportaciones que hacía el pueblo, están también las de la nobleza: merece citarse el destacado papel jugado por la marquesa, viuda del II marqués de Ayerbe, María Josefa de Azlor y Villavicencio, quien ingresó en la cofradía el año 1802 en unión de sus familiares más próximos. Las diversas aportaciones en metálico que efectuó significaron un gran alivio para la economía de la Cofradía. En 1815 la marquesa de Ayerbe corrió con los gastos de impresión de las estampas que se hicieron con la escena del lienzo central del retablo y, en 1817, la marquesa Juana Bucareli, viuda del III marqués de Ayerbe, regaló una casulla morada. Asimismo contribuyeron repetidas veces la marquesa de Lierta y Rubí y el conde de Contamina con diferentes limosnas en metálico y materiales.

En 1810 se hicieron trabajos para repelar el exterior de la ermita y en 1814 fue preciso desmontar el tejado para solventar el problema de las goteras. La casa del ermitaño se comenzó a edificar en noviembre de 1824.

La Cofradía fue dotando a la ermita de todo lo necesario para el mejor desarrollo del culto divino: libros, ornamentos, bancos, un armario y una mesa en la sacristía. El interior fue enlucido y pintado. En 1818, se compró por 10 libras, 25 sueldos y 18 dineros jaqueses, un relicario de plata, obrado en Huesca, para contener reliquias de San Pedro y de San Pablo, provistas de sus correspondientes auténticas.

De las dos lámparas que ardían ante el altar mayor de la ermita, el ayerbense fray Romualdo de Santa Leticia, carmelita descalzo del Colegio de Huesca, entregó en 1810 la mejor de ambas. Se compró en 3 libras, 3 sueldos y 12 dineros jaqueses con la condición de que si los religiosos regresaban al convento y la reclamaban había que dársela, devolviendo éstos los 3 duros pagados por la cofradía, que a eso equivalía el importe reseñado en moneda aragonesa.

A finales del siglo XIX fue necesario obrar nuevamente en el edificio para preservarlo de la ruina.

 

Ermita de Santa Lucía

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