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Feria de Ayerbe

Feria de Ayerbe

Del carácter comercial que Ayerbe tuvo antaño, como cabeza de una extensa comarca y como punto de unión de la tierra plana con la montaña, da buena prueba la celebración de dos ferias anuales, una, denominada d’os chitanos u de l’ambre, que se desarrollaba desde el 6 al 8 de mayo, y la de San Mateo, que se tenía entre los días 17 al 21 de septiembre.

Andando con el tiempo, ésta última fue la que alcanzó mayores cotas de gran popularidad y fama así como una vida más prolongada.

La próxima edición de la XXIi FERIA DE ALTERNATIVAS RURALES DEL PREPIRINEO tendrá lugar el 24 de Septiembre de 2017.

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Precedentes medievales

Durante el auge económico conocido en el siglo XII Ayerbe ya desputaba como un importante centro comercial abastecedor de esta zona del pre-pirineo: en el espacio urbano comprendido por el lado de los números pares de la calle Nueva o de Rafael Gasset, lados impares de la calle de San Miguel y lo que se denomina popularmente Barrio i medio (Barrio de medio) o calle de Luis Espada, se levantó una población, habitada por comerciantes francos, llegados merced a las garantías jurídico-económicas contempladas en el fuero que le concedió Alfonso I el Batallador entre los años 1118 y 1125.

Otra prueba de esa bonanza económica experimentada por Ayerbe en el siglo XII es la construcción, frente a O Lugaré, del magnífico templo románico que albergó la desaparecida Colegiata de San Pedro, del que queda, como mudo testigo, su espléndida torre-campanario, conocida en la villa como O campanal.  Si así es ésta ¡cómo sería pues el templo! La presencia de estos comerciantes haría posible la celebración (quizá una vez al mes) de una especie de mercado comarcal para intercambiar productos hortofrutícolas y compra-venta de animales con los habitantes de poblaciones vecinas.  Este mercado andando con el tiempo tendría una celebración más amplia, de periodicidad anual, con asistencia de gentes venidas de distintas partes del Alto Aragón. Claro que esto que comentamos en este párrafo no deja de ser más que una mera hipótesis de trabajo, pues carecemos de la debida información documental que la confirme y avale. Al tener lugar entre finales del siglo XII y principios del XIII las luchas de los albigenses en el sur de Francia, disminuyó la afluencia de francos a tierras aragonesas, con los consabidos estragos que conllevó.

Esto tuvo consecuencias desastrosas en el orden económico y demográfico para Ayerbe; pese a los atractivos de su fuero local, la repercusión más inmediata fue el descenso de habitantes sufrido por la población, que ve cómo los comerciantes la abandonan; las tiendas abiertas por éstos se deterioran y cuando, en septiembre de 1202, el abad de MontAragón, Berenguer, da a censo tres tiendas a Domingo Ferrario le pone de condición que las restaure y tenga bien restauradas. Los siglos siguientes, pese a que Ayerbe iría lentamente recuperando población, en la vertiente económica pasarían con más pena que gloria aunque no así en la político-jurídica, que obviamos por no ser objeto de este trabajo.

Plaza de Ayerbe. Torre del reloj, Palacio y Feria sobre 1920. Foto Ricardo Compairé.Ferias de San Mateo

Celebrando Cortes Generales en Monzón, el 29 de junio de 1510, el rey de Aragón Fernando II el Católico, mediante gracia especial, concedió a su secretario don Hugo Jordán de Urríes y Ximénez de Cerdán que la villa de Ayerbe, cabeza de su Baronía, tuviese el privilegio de celebrar dos ferias anuales; una, la celebrada en mayo, anteriormente citada, y la otra, del 8 al 22 de septiembre. En ésta se comerciaba con ganados, ovino, porcino, mular y vacuno, tiendas de trapería y quinquillería, cueros, lino, cáñamo, ajos, cebollas, melones y toda especie de frutas, siendo de mucha concurrencia de toda la montaña de Jaca y Cinco Villas, Galliguera, y Plana de Huesca.

El señor percibía los derechos de cabezage, tiendas, etc. Este derecho en varias ocasiones fue objeto de litigio entre la villa (que lo ponía en tela de juicio) y su señor durante más de un siglo, hasta que por fin la ley de 1811, las Cortes de Cádiz y la ley de 1823 derogaron esos privilegios. Al abrazar la causa borbónica durante la Guerra de Sucesión, Ayerbe tuvo además el privilegio, concedido por Felipe IV (V en Castilla), de celebrar mercado los jueves de cada semana, en los que se comerciaba con abadejo, arroz, judías, aceite, alpargatas, especiería, soguería, jabón, etc. Este mercado se transfirió al sábado y se dedicó casi exclusivamente al ganado porcino; una epidemia lo hizo desaparecer a mitad del siglo XIX.

Dos pues fueron los motivos por los cuales surgieron estas ferias; la necesidad del señor de la villa de recaudar más dinero ante los acuciantes gastos que tenía (cuando se iniciaron se estaba edificando su espléndido palacio en Ayerbe) y el inevitable deseo de establecer cauces para efectuar transacciones comerciales y dar salida a los productos agrícolas y hortofrutícolas que se cultivaban y producían en la zona y que resultaban excedentes; igualmente eran los momentos idóneos (fin de la etapa veraniega) para el abastecimiento de las poblaciones de la montaña de cierta clase de productos que se daban en el llano. Las ferias tuvieron su reglamentación, muy estricta y amplia por cierto (para evitar el fraude o el engaño), e igualmente tenían una serie de ventajas para quienes acudían a ellas, como la seguridad, la rebaja en algunos impuestos, la posibilidad del libre cambio, etc. Igualmente ofrecían la posibilidad de mayor número y variedad de género a vender y comprar así como la disparidad de procedencias de quienes a ellas acudían.
A partir del siglo XVIII cobraron todavía más auge, si cabe. Desde entonces hasta el día de hoy estas ferias han pasado por tres etapas.

Feria de AyerbeEtapa I

Es la que tuvo una vida más prolongada; abarca desde su creación, a principios del siglo XVI, pasando por su época de mayor esplendor (siglos XIX y primera mitad del XX) hasta su desaparición en la década de los sesenta del pasado siglo XX. Las plazas (Alta y Baja) y las eras de la villa eran un hervidero de gente; en las primeras se instalaban los famosos charlatanes así como puestos para la venta de género tan dispar como fajas, quinquillería, juguetes, armas de fuego, melones, cebollas, ajos, sandías, que se mezclaban con el ganado mular y porcino que se exponían para su venta, éstos últimos principalmente en la plaza Alta. Las eras era el sitio reservado para el ganado vacuno. Relacionado tal vez con el ganado vacuno que asistía a estas ferias está el recinto delimitado por un recio y ancho muro de piedras, conocido en la montaña como mosal, situado en el antiguo camino que lleva a la ermita de San Pablo, donde es probable descansase antes de su llegada a Ayerbe. Paralelamente también se ofertaban bailes así como gran variedad de diversiones y distracciones, tanto para las personas mayores como para la grey infantil (norias, caballitos, carrouseles, etc.).

En las ferias, como en las romerías, también se concertaban bodas, ya que ante todo primaban los intereses de las casas o familias y asimismo se ajustaban los contratos de trabajo para servir en las casas, los cuales comenzaban a surtir efectos a partir del día de san Miguel, 29 de septiembre. La comunidad que podríamos calificar como “clientela fija y asidua” de estas ferias era la gitana. Las fotos realizadas principalmente por Ricardo Compairé y recogidas en el libro Huesca: Ferias y Mercados. Fotografías 1918-1943, editado por la Diputación de Huesca en 1990, dan buena prueba de ello. Con la llegada en los años sesenta del boom industrial y la mecanización del campo las Ferias de San Mateo dejaron de tener razón de ser, extinguiéndose paulatinamente hasta desaparecer totalmente.

Etapa II

A finales de la década de los 70 del pasado siglo XX, el Ayuntamiento ayerbense, retomando esa tradición lúdico-ferial que se había perdido, revivió, de nuevo y en parte, estas ferias, adaptándolas a las exigencias de los nuevos tiempos y haciéndolas coincidir con las fiestas patronales e honor de santa Leticia; en primer lugar se llevaban a cabo los días 10, 11 y 12 pero después se pasaron a los días de las fiestas que coincidían con el fin de semana, esto es, con el viernes, sábado y domingo. Esto sucedió a partir del año 1979. En esta nueva etapa, de 25 a 30 stands presentaban al público maquinaria agrícola, automóviles, libros, flores, máquinas de coser, joyería. También había un puesto de venta de miel de romero y, siguiendo la tradición de la antigua feria, un comerciante de la localidad exponía ajos, cebollas, melones, etc.

Etapa III

Viene realizándose con gran acierto y aceptación por parte del público desde el año 1996, bajo la denominación de Feria de Alternativas Rurales del Prepirineo. Tiene lugar el domingo más cercano al 21 de septiembre, festividad de san Mateo, y en su aspecto organizativo se alternan las plazas Alta (Plaza de Aragón) y Baja (Plaza de Ramón y Cajal) o el Polideportivo. Como en la época anterior, se exponen productos requeridos por la sociedad actual aunque también hay sitio para los oficios antiguos (cada vez son menos los que participan, ya que se pierden) y las labores tradicionales; así junto a puestos donde asimismo se ofrecen al público cebollas y ajos los hay donde se elaboran, artesanalmente, fideos, objetos de cristal y de madera, se hacen trabajos de calceta o se talla la piedra; hay muebles antiguos expuestos, publicaciones sobre la zona, se realizan visitas guiadas por la villa para dar a conocer su casco urbano y sus monumentos, etc.

Al menos en tres ocasiones se llegó a realizar una matacía y en la primera edición, que tuvo que llevarse a cabo en el pabellón polideportivo a causa del mal tiempo, se montaron un buen número de puestos de juegos tradicionales. Lo más curioso era que para jugar se necesitaba papel moneda de la feria, consistente en unos billetes de color verde que llevaban impresa una fotografía de Santiago Ramón y Cajal.

En las últimas ediciones asiste a la Feria una representación de la localidad francesa de Poucharramet, hermanada con Ayerbe, y, desde hace dos años, se concede una distinción (La Dama de la Feria) a aquella institución, entidad o persona que se ha estimado merecedora de ella por su labor en pro de la Feria o por su entrega a favor de los trabajos artesanales. En el 2006 la persona homenajeada con esta distinción, a título póstumo, fue el desaparecido Blas Castán, o botero d´Ayerbe, quien con sus botas de vino, elaboradas artesanalmente, contribuyó a lo largo de su vida a pasear el nombre de Ayerbe allí donde se han expuesto, vendido o empleado. Este año la Dama de la Feria recarerá sobre la persona de Rosita Romeo, la “cocinera” del Colegio público Ramón y Cajal, que este año se ha jubilado. En reconocimiento a su labor,esfurzo y dedicación a todos los alumnos/as que ha dado de comer y que tanto nos ha cuidado y querido.

Ayerbe, septiembre de 2007

Chesús Á. Giménez Arbués

 

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