IGLESIA PARROQUIAL DE SAN PEDRO
La iglesia de San Pedro, en Ayerbe, es una construcción de sillería, sillarejo, ladrillo y tapial que ofrece obra de varias épocas. Nave de cinco tramos y capilla mayor poligonal. La decoración del interior del templo es de concepción neoclásica: pilastras y cornisas están inspiradas en el orden jónico, al que siguen con fidelidad. Hay coro a los pies sobre lunetos y con frente de arco carpanel. Fachada con decoración programada, toda ella es de piedra y concentra su decoración en la portada. La portada está protegida, en el interior, por un biombo de madera, de tableros lisos. La iglesia, hoy, no tiene torre. Su fábrica es del S.XVI, conservando obras de diversas épocas. Cuenta con un museo religioso importante y un órgano, de trompetería vertical y horizontal, de mediados del S.XIX.
CAPILLAS
HISTORIA
Era la iglesia del convento de dominicos, advocación de Nuestra Señora del Remedio, fundado por don Hugo de Urriés y Ximénez de Cerdán, VIII Señor de la Baronía de Ayerbe, y su mujer doña Greyda de Lanuza, poniendo la primera piedra el año 1543 y se acabó en 1548 habiendo fallecido D. Hugo. Para su construcción se destinó el campo llamado de los Hidalgos y fue obra de los hermanos Martín y Juan de Aguirre. Tomó posesión del convento Fr. Tomás Esquibel, prior de Predicadores de Zaragoza y vicario general de la Corona de Aragón, trayendo consigo a once religiosos. Salieron a recibirles el clero, doña Greyda con sus cuatro nietas y el pueblo en masa. Se eligió como prior a Fr. Alonso Valentín y la consagración la ofició don Francisco de Urriés, obispo de Urgel, dedicando el templo en honor de la Anunciación de Nuestra Señora, con el título del Remedio.
Doña Greyda dejó mandado que la enterrasen con el hábito de la orden Dominica y sin ataud, ante el altar mayor de este templo, donde fue enterrado con anterioridad su consagrante el obispo Francisco de Urriés.
La torre se desmontó antes de entrar el siglo XX.
En su construcción primitiva, la fachada tuvo en torno a los 20 m de altura, toda de piedra, primorosamente elaborada, con una escultura de más que mediano relieve, que formó sus zócalos, basas y capiteles y, al medio, la Virgen dando el rosario a Santo Domingo, ambas imágenes, de cuerpo entero de yeso endurecido, a toda perfección.
En el presbiterio de la iglesia, se construyó el panteón para la familia Urriés que guardo sus restos hasta una fecha próxima a 1928, que fueron trasladados al Panteón que poseen en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza.
La iglesia se comunicaba con el Palacio de Ayerbe por un camino largo cubierto.
Como consecuencia de la Desamortización, el convento fue abandonado por los religiosos dominicos y destinado a posada. Su biblioteca y demás objetos de valor desaparecieron.
Durante la guerra de la Independencia, los franceses se encerraron y atrincheraron en la iglesia y torre campanario del referido edificio. En 1810 las tropas nacionales no tuvieron otro remedio que prenderle fuego para que la desalojaran las tropas napoleónicas.
El día 11 de abril de 1855 se inauguró como parroquia de San Pedro, después de repararse y acondicionarse, bajo la tutela del arquitecto Ramón Villanueva, con una subvención del Gobierno de la reina Isabel II, mercéd a las activas gestiones del entonces párroco Don Jaime Borra y las diligencias practicadas por el ayerbense Don Mariano Soler, por entonces Magistrado de Pamplona.
Entre 1855 y 1859 Genaro Ferrer construyó la calajera de la sacristía, copia de la de Almudébar, es de madera de pino y nogal, siendo de bronce los tiradores. El órgano, obra de los talleres Nogués de Zaragoza, fue montado entre 1859 y 1860. La sillería del coro, realizada en madera de nogal, es un buen trabajo de gusto ecléctico, siendo también obra de Genaro Ferrer, que la realizó en 1861; consta de 22 sitiales que en la práctica se reducen a 20.
Cuando se inauguró la actual parroquia, únicamente se colocó en la torre un cimbalico (campana pequeña), para avisar al vecindario de la celebración de misas y otros actos de culto, manteniéndose el juego de campanas que había en el campanal, porque se alegó estar fuerte y sólido.
El 25 de febrero de 1861 un incendio destruyó el retablo del altar mayor, que fue regalo del marqués de Ayerbe. Desde el 26 de mayo hasta el 10 de octubre de 1866 realizaron el actual retablo por obra del escultor Eugenio Serrano cuyas imágenes elaboró José Pueyo.
En la década de los 80 del siglo XIX, desmontaron la torre de esta iglesia.
En 1964, despues de ser promulgado el decreto "Sacrosanctum Concilium", primera de las constituciones aprobadas por el Concilio Vaticano II, D. José Cor, cura parroco de Ayerbe, entendiendo a su manera el Cápitulo VII puntos 124 y 125, destruyó algunas de la imágenes que adornaban el Altar Mayor (santa Leticia, santa Bárbara, san Lorenzo y san Vicente), además se deshizo del facistol del coro y descolgó los dos púlpitos con sus tornavoces o doseles que había a la entrada del presbiterio, de los que uno desapareció.
La mesa del Altar actual fue un regalo de D. Antonio Sarasa, y durante las obras de su colocación apareció un obispo enterrado en buen estado de conservación, seguramente D. Francisco de Urriés.
Al hacer obras de acondicionamiento en la capilla donde se guardan los pasos de Semana Santa, aparecieron unos nichos con cadáveres momificados, que se sospecha fueran todos de la familia Ena.
Durante los últimos años ya son varios los objetos de valor que han desaparecido: la plancha de cobre que sirvió para hacer las litografías del cuadro del retablo de la ermita de San Pablo, el portapaz de plata de San Pedro, la casulla de seda morada del siglo XVI que regaló doña Greida de Lanuza y algunos otros ornamentos.
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